Punto de vista de Ricardo
La saqué de la habitación en brazos.
Su cuerpo estaba inerte entre los míos. Su cabeza caía contra mi pecho. La sangre nos manchaba a ambos, empapando mi camisa y extendiéndose sobre su piel pálida.
El pasillo no estaba vacío.
Un grupo de sirvientes varones estaba cerca de las escaleras. Se suponía que debían estar trabajando, pero en lugar de eso estaban mirando.
Sus ojos seguían cada paso que daba. No me importaba, pero uno de ellos frunció el ceño. Su mirada pasó de