Cuando llegué a casa, había un paquete sobre la mesa de la cocina. Pequeño y cuadrado, sin etiqueta de remitente. Solo cartón, la tapa cortada con precisión, como si quien lo enviara supiera que no tenía nada que ocultar — y sin embargo, todo en él respiraba secreto.Me quedé mirándolo mientras me quitaba los zapatos. Mis instintos se revolvieron. Los paquetes anónimos no eran novedad en esta ciudad, pero este... lo sentí antes de tocarlo. Problemas.Me serví un vaso de agua, me apoyé en la encimera e intenté ignorarlo. Pero mis ojos seguían volviendo al paquete como si algo los jalara hacia él.Con una maldición entre dientes, lo abrí.Dentro había dos hojas de papel en blanco dobladas alrededor de una pequeña memoria USB. Al sacarla, el estómago se me hundió. Prendida con un clip había una nota escrita a mano:*"Ella también te está ocultando algo."*Me quedé paralizada. Mi pulgar presionó con fuerza la esquina del papel hasta doblarlo.—¿Ella? —murmuré—. Te refieres a Clara, ¿verda
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