POV Lanya.Cuando llegamos al auto, el señor Acosta insistió en llevarme a otro hospital. Su voz era firme, de esas que no aceptan un “no” como respuesta, como si mi cuerpo fuera un asunto que pudiera resolver con decisiones ajenas.Yo me negué.—Estaré bien si voy a casa —dije, sosteniéndome apenas con la dignidad que me quedaba—. Tengo a mi mejor amiga, ella me cuidará.No era del todo mentira. Lisa siempre estaba ahí. Incluso cuando el mundo parecía desmoronarse con demasiada facilidad a mi alrededor, ella se quedaba.El señor Acosta me observó unos segundos más de lo necesario, como si intentara leer algo que yo misma no estaba dispuesta a mostrar. Al final, cedió.Subí al auto con el cuerpo cansado y la mente más pesada todavía. El trayecto fue silencioso, salvo por el zumbido constante de mis pensamientos. Afuera, la ciudad seguía su curso normal, como si nada hubiera pasado, como si yo no estuviera rota por dentro.Entonces lo vi.Por la ventana trasera, en medio del tráfico, vi
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