POV Lanya.
Cuando llegamos al auto, el señor Acosta insistió en llevarme a otro hospital. Su voz era firme, de esas que no aceptan un “no” como respuesta, como si mi cuerpo fuera un asunto que pudiera resolver con decisiones ajenas.
Yo me negué.
—Estaré bien si voy a casa —dije, sosteniéndome apenas con la dignidad que me quedaba—. Tengo a mi mejor amiga, ella me cuidará.
No era del todo mentira. Lisa siempre estaba ahí. Incluso cuando el mundo parecía desmoronarse con demasiada facilidad a mi a