—¡Amor!… ¿Estás ahí?… Martín cerró los ojos un segundo, como si tuviera que tragarse el fastidio antes de contestar, y cuando volvió a abrirlos ya tenía esa calma fría que siempre usaba… —Sí, cariño, aquí estoy —¿Me traerás lo que pedí, mi vida?… —Tadeo irá por eso… —respondió él, seco—. Yo teng
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