Punto de vista de IsabellaAbrí las piernas para él.Así, sin más. Sin luchar, sin palabras. Mis muslos temblaron al separarse, y el aire fresco golpeó mi coño mojado como una bofetada. Estaba empapada, chorreando. Las sábanas debajo de mí ya se estaban oscureciendo con mis jugos. Mi falda de enfermera estaba enrollada alrededor de mi cintura, las medias ya rotas en las rodillas por haber estado tanto tiempo arrodillada. Mi blusa estaba empapada de saliva y semen, pegada a mis tetas como una segunda piel. Mis pezones me dolían. Estaban duros, palpitantes y suplicando que los chuparan, que los tocaran.Lucas se cernía sobre mí, grande, oscuro y peligroso. Sus ojos ahora eran negros, sin luz. Solo hambre. Su polla —Dios, ese monstruo tatuado— estaba dura otra vez, presionando contra mi estómago y dejando un rastro húmedo de semen y saliva sobre mi piel. La cabeza de la serpiente parecía estar lamiéndome. Podía sentir cada palpitar. Cada vena. Cada centímetro.No se movió. Solo me miró.
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