Los días después de esa primera noche con Mason se convirtieron en un ritmo adictivo y sucio que me consumió por completo.Despertaba sola en mi cama, con el cuerpo todavía vibrando por la forma en que me había follado la noche anterior, las sábanas enredadas y oliendo a sexo y a él. Mi coño estaba adolorido de la mejor manera: hinchado, sensible, un recordatorio constante de lo profundo que había estado, de lo fuerte que había embestido hasta hacerme gritar su nombre.Me tocaba en la ducha cada mañana, los dedos deslizándose con facilidad porque ya estaba empapada solo de pensar en él. Rodeaba mi clítoris despacio al principio, recordando su boca ahí, luego más rápido, metiendo dos dedos dentro de mí como su polla había hecho, hasta correrme fuerte contra los azulejos, mordiéndome el labio para ahogar el gemido de su nombre.Nos mandábamos mensajes todo el día, hablando de cosas sucias y desesperadas que me mantenían mojada y ansiosa en el trabajo. Él escribía: “¿Sigues mojada para m
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