Pasé toda la mañana siguiente intentando no pensar demasiado en la cita para tomar café con Mason, pero claro que eso fue exactamente lo que hice. No dejaba de reproducir la fiesta en mi cabeza: la forma en que sus ojos se habían detenido en mí cuando entré en la cocina, la pequeña sonrisa que tiró de su boca cuando reconoció que definitivamente ya no era una “niña”, el breve roce cuando me colocó ese mechón suelto detrás de la oreja. No era nada y era todo al mismo tiempo, y para cuando estaba frente al armario ya me había cambiado de outfit cuatro veces. Primero el vestido de verano, me pareció que era demasiado para un café. Luego leggings y sudadera oversized, me pareció demasiado casual, como si intentara lucir linda sin esforzarme. Al final me decidí por unos jeans oscuros que se ajustaban bien a mis caderas, una blusa crema suave que dejaba ver un poco de clavícula, y mis botas favoritas de tobillo que me daban un poco más de altura. Dejé el pelo suelto en ondas suaves, me m
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