**Valentina** Desperté jadeando en busca de aire. Miré alrededor, completamente desorientada. —¿Dónde estoy? —susurré, sintiéndome demasiado débil para moverme. Y entonces me golpeó todo de golpe al darme cuenta de que tenía las manos atadas detrás de la espalda. Intenté moverme, pero no pude. —¡Oigan, suéltenme! —grité. Cinco segundos después, la puerta se abrió y mis ojos se abrieron de par en par. En la puerta estaba Carolina con una siniestra sonrisa serpentina en el rostro. —¿Carolina? —Mis ojos se abrieron con shock. —En carne y hueso —dijo, cerrando la puerta. —¿Qué significa esto? —exigí. —Tsk tsk tsk. Ay, Valentina. Nunca aprendes, ¿verdad? No aprendiste en tu primer matrimonio y no estás aprendiendo ahora. —Espera… ¿Entonces tú eras la que me enviaba mensajes? —No eres muy brillante, ¿eh? —¿Por qué estás haciendo esto? ¿Con qué fin? —pregunté, confundida sobre por qué estaba haciendo todo esto. No tenía ningún sentido. —¿No es obvio? —preguntó, rodeándome—.
Leer más