Tres meses pasaron tras la fiesta de compromiso. Tres meses de amenazas de Gerald, tres meses de los ojos vigilantes de Clara, tres meses de Daniel fingiendo ser indefenso mientras Emerald actuaba como una chica corriente. Pero de noche, ella no era ninguna de las dos cosas.Las carreteras de montaña del Pico Jiulong se retorcían como serpientes agonizantes a lo largo del precipicio: ilegales, mortales, sagradas para el mundo clandestino de las carreras. Durante tres años, el rey de ese reino de asfalto había permanecido como un fantasma —un piloto en un Subaru WRX modificado color negro mate que nunca mostraba su rostro, nunca hablaba por radio y nunca perdía. Lo llamaban Shan Gui. La Fantasma de la Montaña.Esta noche había llegado un retador: un joven engreído de la ciudad en un Ferrari rojo brillante, rodeado de una multitud de influencers con los teléfonos en alto. —¿Dónde está ese fantasma, entonces? —se rió, acelerando el motor—. ¿Le da miedo un coche de verdad?Desde las sombr
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