La noche era espesa, sin estrellas. Un silencio irregular latía entre las calles húmedas, como si la ciudad contuviera la respiración. Fanny caminaba sola, sin saber exactamente por qué había salido ni hacia dónde iba.El aire tenía el mismo sabor metálico que en sus sueños, ese eco de Michel que seguía persiguiéndola incluso al despertar.Su cuerpo todavía recordaba, sin entender, los fragmentos de aquel sueño: el roce, la voz, la mezcla de miedo y placer que se había quedado adherida a su piel como una marca invisible.Sintió una vibración leve, no en el suelo, sino dentro de ella. Giró.Michel estaba allí, apoyado contra la pared, observándola con esa calma que solo él poseía: una calma que disimulaba el fuego.No hubo palabras al principio.Solo una distancia corta, cargada, que parecía llenarse de lo que ninguno se atrevía a decir.Él fue el primero en moverse.Caminó hacia ella con pasos lentos, midiendo cada gesto, cada exhalación.Fanny retrocedió apenas, pero no por miedo. Lo
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