El primer cumpleaños de los trillizos se celebró con una fiesta íntima en el jardín de la mansión — el mismo jardín donde Eduardo le pidió a Vivian que se casara con él, donde intercambiaron votos, donde todo comenzó.Miguel, Gabriel y Sofía estaban hermosos en sus ropitas de fiesta, cada uno con su propia personalidad ya evidente. Miguel era el serio, observador, siempre atento. Gabriel era el aventurero, gateando hacia todos lados en busca de nuevos descubrimientos. Sofía era la pequeña princesa, que ya sabía exactamente cómo conseguir lo que quería con una simple mirada.Eduardo, sorprendentemente, estaba relajado. Había aprendido a confiar en el equipo, a compartir responsabilidades, a aceptar que no podía controlarlo todo. Pero una cosa no había cambiado: su devoción por Vivian.Mientras los invitados admiraban a los bebés, él estaba a su lado, su brazo rodeando su cintura, sus ojos alternando entre los hijos y la esposa.— Estás más centrado en ellos que en mí — provocó ella, se
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