La mañana llegó rápidamente, sin misericordia, como una broma cruel: otro día para vivir en un infierno disfrazado de luz solar.A pesar de todas las dificultades, extrañamente, había sido una de las mejores noches de sueño que había tenido desde que llegué a la mansión Blackwood.Cuando calculé todas las horas, cada movimiento, cada respiración… había descansado casi ocho horas.Pero ahora que estaba despierta, la realidad regresó. La guerra se reanudó y continuó.Me senté al borde de la cama, repasando cada instrucción y cada paso que Xavier me había enseñado: qué decir, cuándo decirlo, cómo moverme y qué no olvidar jamás.El sol apenas había salido, pero la mansión ya estaba llena de actividad matutina. Los sirvientes se movían con rapidez y propósito. Los guardias patrullaban la propiedad como si esperaran una invasión.Afuera, en el recinto, el sonido metálico resonaba débilmente desde el campo de entrenamiento, donde el señor Blackwood realizaba su implacable rutina matutina.Pe
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