Juliana miró a Stefan, confundida. No entendía por qué él le estaba diciendo aquello.Stefan estaba sentado con la frente apoyada en una mano, en una postura relajada. Habló con sarcasmo y sin rodeos:—Creo que el Grupo Novak no es un lugar en el que debas perder tu tiempo. No necesitas rebajarte a trabajar aquí como mi secretaria.—Estoy feliz de trabajar aquí, presidente Novak. Puedo aprender muchas cosas.—¿Ah, sí? —Stefan arqueó una ceja—. Copiar documentos, entregar mensajes y gestionar tareas todos los días. ¿Qué exactamente puedes aprender de eso?Juliana se aclaró la garganta, avergonzada. Mostró su mejor sonrisa y sus ojos brillaron como diamantes.—Presidente Novak, ¿no cree que es porque no me ha enseñado todo lo que sabe? Si me enseñara como enseñó a Susan, estoy segura de que sería excelente en mi trabajo.—Ella es diferente. Es mi esposa. Tengo la responsabilidad de enseñarle bien. Tú eres alguien que mi madre recomendó y colocó aquí a la fuerza. ¿Por qué tendría que ens
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