Los ojos de Noah se abrieron con dificultad, asimilando su entorno con pesadez. Intentó sentarse, pero una ola de mareo lo invadió, obligándolo a recostarse de nuevo en la cama. El rostro de Emily se enfocó ante él.—Emily, ¿por qué me tienen aquí? ¿Qué está pasando? ¿Qué significa todo esto? —Su voz apenas era un susurro. Luchaba por respirar.—Solo necesitas descansar, Noah. Estarás bien pronto.—¿Quién te paga para hacer esto? Dímelo, Emily. Tengo derecho a saberlo.Ella dudó: —Yo... no puedo revelar eso, Noah. Por favor, intenta entenderlo. Sé que eres curioso. No puedo creer que estuvieras a punto de dejar que yo, una damisela en apuros, resolviera sus propios problemas.—Escucha, Emily. Triplicaré lo que sea que te estén pagando. Solo déjame ir y olvidaremos que esto pasó alguna vez.—Noah, no puedo. Lo siento. Solo necesitas confiar en mí.Noah la miró entrecerrando los ojos. ¿Estaba loca? Lo tenía drogado y esposado a la cama, ¿y ahora le pedía confianza? Su mente corría con p
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