El palacio se había vuelto más silencioso.No pacífico —nunca lo era—.Solo… vigilante.Después del incidente en el Gran Salón, nadie se movía igual a mi alrededor. Las conversaciones cesaban cuando entraba. Los ojos me seguían cuando salía.El miedo se había asentado en las paredes.Y el miedo, estaba aprendiendo, volvía a la gente descuidada.—Cabeza baja.El susurro fue cortante, urgente.La joven sirvienta se encogió al instante, bajando la mirada mientras llevaba la bandeja de copas por el pasillo.Pero no era solo una sirvienta.No realmente.Ya no.No levantes la vista. No reacciones. No pienses.Eso le habían dicho.Eso se repetía a sí misma con cada paso que daba hacia el interior del territorio de Piedrasangre.Su nombre —su nombre real— no importaba allí.Le habían dado uno nuevo.Un rol.Un propósito.Y una advertencia.Si fallas, no regresarás.Ajustó su agarre en la bandeja, estabilizando su respiración mientras dos guardias licántropos pasaban a su lado sin mirarla siqu
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