Un momento de felicidad. Parte 2.
Raphael me llevó hasta el gran salón de la mansión, donde la luz del sol inundaba el espacio, haciéndolo brillar como si estuviéramos en un lugar sagrado. Allí, me depositó suavemente sobre mis pies, pero no me soltó. Seguía teniéndome cerca, con sus manos en mi cintura, sus ojos fijos en los míos.—¿Eres feliz, Camille? —preguntó él, con voz suave.Miré a mi alrededor, a los rostros de los niños de la Manada Olvidada que empezaban a aparecer por los pasillos, atraídos por el bullicio. Algunos de ellos corrían, riendo, una escena de inocencia que Raphael y yo habíamos luchado por proteger. Eran niños que habían perdido todo, y, sin embargo, aquí estaban, compartiendo nuestra alegría.Levanté mis manos hacia el techo, hacia la gran vidriera donde se filtraba la luz del día, y cerré los ojos, enviando un mensaje silencioso, profundo, al cielo.—Gracias, Diosa Luna. —susurré, con el corazón lleno. — Gracias por este refugio. Gracias por esta fuerza. Gracias por este amor. —Me sentí plen
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