114. Fin
Ana Paula LagoEl aire olía a tierra húmeda y a flores recién cortadas cuando entré al cementerio. Octubre siempre traía ese frío suave que se colaba por la ropa, pero aun así me gustaba venir con el amanecer. Me daba la sensación de que Carlos me escuchaba mejor cuando el mundo todavía estaba en silencio.Caminé entre las lápidas hasta llegar a la suya. Aquel mármol claro que tantas veces había acariciado. Me arrodillé frente a él, dejando que mis rodillas tocaran el borde helado de la base. Coloqué las flores a un costado y exhalé, sintiendo cómo un nudo se deshacía lentamente en mi pecho.—Hola… —susurré, con esa timidez que nunca se me quitaba cuando venía aquí—. Siempre que vengo a verte me dan los mismos nervios, como si realmente te fuera a ver de pie, frente a mí.Toqué el borde de la lápida con la punta de los dedos.—Feliz cumpleaños, Carlos. Como cada año, traje tus flores. Y quiero que sepas que mientras siga viva… cada fecha especial vendré a verte. Es mi promesa para ti.
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