NoahHabía negociado fusiones de miles de millones de dólares en menos tiempo del que le tomó a Aria decidir un color de pintura. Pero al verla fruncir el ceño debatiéndose entre el "Rosa Rubor" y el "Rosa Pétalo", me di cuenta de que no me importaba perder el tiempo. Solo me importaba que lo estuviera haciendo aquí. En mi casa.O, más bien, en nuestra casa.Era sábado por la mañana. Estábamos sentados en la isla de la cocina, con los restos del desayuno a un lado y una montaña de catálogos y muestras de pintura al otro.—Se ven exactamente igual —señalé, tocando los dos cuadrados rosados.—Son fundamentalmente diferentes —corrigió Aria, mordiéndose el labio con concentración—. El rubor tiene tonos fríos. El pétalo es cálido. La luz en la habitación de invitados... digo, en la guardería, da hacia el este, así que necesitamos...Se quedó callada, frunciendo el ceño.Me dediqué a observarla. Llevaba puesta una de mis camisetas y tenía el cabello recogido en un moño desordenado. Parecía
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