Aurora se dirigía hacia la salida, con el corazón latiendo en una retirada frenética contra sus costillas, cuando la música cambió.El zumbido frenético y conversacional de la hora del cóctel se desvaneció, reemplazado por el barrido bajo, creciente y oceánico de un vals. Las luces del Gran Salón se atenuaron, convirtiendo la caverna de pan de oro en un mundo crepuscular de sombras y diamantes resplandecientes.Estaba a tres metros de las pesadas puertas cubiertas de terciopelo. A tres metros del aire fresco de la noche, del auto, de la seguridad.—¿Se marcha tan pronto, Madame Rousseau?La voz fue una barricada física.Aurora se detuvo. No necesitaba darse la vuelta para saber quién era. El aroma a sándalo y cítricos, el calor que irradiaba de él, la pura gravedad de su presencia... era Liam.No se había quedado en la barra. No había seguido a Vanessa. La había seguido a ella.Se giró, recomponiendo su rostro en la máscara de "Ariane", el aburrido enigma francés.Liam Cross estaba de
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