—¿Y tú quién eres? —preguntó Jaxon, con la voz calmada como aguas quietas.Levantó la ceja izquierda, la señal, mientras su mano derecha descansaba casualmente en la esquina del sofá.Los ojos de Valeska se abrieron de puro desconcierto. El frío acero del cuchillo del intruso se clavaba en la delicada piel de su garganta.Un fino hilo de sangre ya corría por su cuello.¿Cómo puede quedarse ahí sentado? pensó ella, con el corazón golpeándole el pecho.Un solo movimiento de este maniaco y estaría muerta.—El hermano de Marcus —gruñó el intruso, con el aliento caliente contra la oreja de Valeska—. Lo mataste. Ahora vas a pagar.—Ah, ¿eres el chico de aquella noche? —preguntó Jaxon de nuevo, levantando lentamente la ceja izquierda—. ¿El que huyó como un conejo asustado?—¿El chico? —preguntó el intruso, presionando más el cuchillo contra el cuello de Valeska y haciéndola estremecer de nuevo—. ¿Me viste correr?—Sí, te vi. ¿Crees que te habría dejado escapar si hubiera querido acabar conti
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