El doctor Stanley cerró la puerta de su consultorio con un delicado y suave clic.Sebastian estaba sentado en la silla negra frente a la del doctor.—Señor Castellano —respiró el doctor antes de rodear la mesa y sentarse, enfrentando a Sebastian, quien parecía querer salir del consultorio lo antes posible.El doctor Stanley se acomodó en su silla antes de mirar de nuevo a Sebastian.—Debo aconsejarle en contra de su solicitud —comenzó, con voz profesional y firme.Pero Sebastian no respondió; solo se quedó mirando al doctor en silencio, manteniendo un contacto visual serio.—Hay riesgos graves, y podríamos perder a la madre y al niño —señaló el doctor.—¿Dijo que tiene cuatro meses, verdad? —lo interrumpió Sebastian, cortándolo—. Sí, así lo indicó el resultado.—Entonces, ¿por qué está perdiendo mi tiempo? Cuanto antes, mejor, doctor.—Sí, pero le recomiendo hacerlo mañana por la noche. Ella ya está estresada y es aconsejable dejar que se calme antes de proceder —señaló el doctor.—Ma
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