El sol ni siquiera había terminado de salir cuando la puerta del nuevo dormitorio de Brianna se abrió con un crujido. Ella se incorporó de golpe, con el corazón a punto de salírsele del pecho.Era su madre. Eloise ya estaba vestida con un elegante traje de poder, como si no hubiera pasado la noche en una casa llena de monstruos. Ni siquiera miró la rosa roja ni el pequeño puñal que descansaban sobre la mesita de noche de Brianna.—¿Por qué no estás vestida? —preguntó Eloise con voz fría—. Declan nos espera en la mesa del desayuno en diez minutos.—Mamá, anoche alguien clavó un cuchillo en mi puerta —susurró Brianna, con la voz temblorosa—. Y Eric… me acorraló en el pasillo. Me tocó. Tenemos que irnos.Eloise finalmente miró el puñal, pero en sus ojos no había miedo, solo irritación. Se acercó, tomó la rosa y la arrojó a la basura.—No seas dramática, Brianna. Tienes veintitrés años, no eres una niña. Dawson solo te está poniendo a prueba. Es el Alfa de este imperio y es protector. En
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