Lo leí dos veces.El nombre aparece en la pantalla en texto sin formato, sin signos de puntuación a su alrededor, solo el nombre. La forma en que Rosamund lo presenta todo. Directa y sin disculparse por lo que cuesta.Nora Reyes.Dejé el teléfono boca abajo sobre la encimera.Dominic lo ha leído. Sentí que lo leía en el mismo instante en que yo lo hice, ese ligero cambio en el aire a mi lado que se produce cuando él asimila algo significativo. No dice nada. Está haciendo lo que suele hacer: desmontándolo, analizando su estructura, buscando dónde encaja y dónde se rompe.Vuelvo a coger el teléfono.Miro el nombre de nuevo, totalmente sin palabras.Nora Reyes, que se me acercó en una cafetería con una carpeta y información, y con la credibilidad particular de alguien que llevaba tres años preparando un caso. Nora Reyes, que encontró los registros de Mira Seca y la genealogía de los Castillo, y me entregó el origen de mi madre como si fuera un regalo. Nora Reyes, que lleva cinco días en
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