Dominic lee el mensaje por encima de mi hombro.Siento que se queda inmóvil a mi lado, de esa forma que significa que lo que se esconde bajo el control acaba de salir a la superficie de forma notable. Su mano no se separa de la mía. Si acaso, la aprieta con más fuerza durante un segundo antes de soltarla e inclinarse hacia atrás.—Dos manzanas —dice.—Sí.—Si tiene el edificio a la vista desde esa distancia, tiene en marcha una importante operación de vigilancia en River North con dos horas de antelación.—O ya la tenía en marcha —dice Nora—. Anticipándose precisamente a esto.Miro la dirección en el teléfono de Petra. Un edificio comercial, anodino a juzgar por la vista desde la calle que abro, el tipo de edificio que podría albergar veinte negocios diferentes y no delata nada sobre ninguno de ellos.«Voy», digo.«Lo sé», dice Dominic. Lo dice con tono neutro. Ni resignado, ni contento, solo sincero sobre lo que la situación exige.«Isobel», digo.«A cuatro manzanas», dice. «Se queda
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