**PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**El edificio no se parecía en nada a lo que había imaginado. Sophia siempre había preferido el exceso, el mármol, las lámparas que costaban más que el salario anual de la gente que las limpiaba. Este lugar era distinto: gris, discreto, el tipo de torre que uno cruza todos los días sin registrar que existe. Tenía sentido. Después de la noche del búnker, hasta ella había aprendido que ser invisible valía más que ser espectacular.Nos quedamos estacionados media cuadra más allá, con las luces apagadas, mirando las ventanas del sexto piso, las únicas con luz encendida a esa hora de la madrugada.—El hombre que nos dio la dirección también nos dio los turnos de guardia —dijo Damien, revisando el plano una última vez en el auto—. Cambio a las dos de la madrugada. Ahí tenemos el hueco más grande.—¿Cuánta gente hay adentro?—Confirmados, seis. Puede haber más que no salieron en ningún reporte.Faltaban cuarenta minutos para el cambio de turno. Los pasamos en sil
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