KAELEl viento en las cumbres orientales mordía hoy, cortando las nubes con una precisión que me gustaría usar para llegar al torbellino que amenazaba nuestro mundo. Me encontraba en la barandilla del balcón, con la capa ondeando detrás de mí, mientras el viento susurraba sus secretos contra mi piel y llamaba a Draco.Aurora entró en silencio. Sus pasos siempre eran precisos, siempre silenciosos. Pero yo la reconocería en cualquier parte, incluso cuando se movía como una sombra.—Dijo la verdad, Kael —afirmó, colocándose a mi lado.La miré de reojo. —¿Noah, el nuevo rey oso?Ella asintió.Su cabello plateado estaba trenzado con hilos de amatista, y sus ojos ardían con las tormentas que bailaban sobre los acantilados. —Vino en paz y con una advertencia, mientras intentaba ganar reconocimiento o una alianza con la Reina.Incliné la cabeza hacia un lado. —Audacus fue a verlo a él, no al revés.—Sí. Suplicando lealtad. Suplicando ejércitos.—Y él lo rechazó.—Se rio en su cara, segú
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