PUNTO DE VISTA DE MAXWELLDespertarme con el cuello rígido y la pesada e incómoda sensación de una llave de latón clavándose en la cadera me hizo olvidar por un instante dónde estaba. Normalmente, despertarme solo en el centro de la cama, rodeado de silencio y espacio, era lo habitual, pero esta mañana me encontré aferrado al borde del colchón, todavía vestido con la camisa y los pantalones arrugados de la noche anterior.Al girar lentamente la cabeza, encontré a Andrea dormida al otro lado de la cama. Se había acurrucado, dándome la espalda, y abrazaba una almohada como si fuera un escudo. Aún llevaba puesto el vestido de seda rojo, aunque ahora estaba retorcido y arrugado alrededor de sus piernas, mientras que su cabello oscuro se extendía sobre la funda de almohada blanca formando un halo desordenado y salvaje.Al incorporarme y frotarme la cara con las manos, el recuerdo de la noche anterior volvió a mi mente, inundándola con la persecución, la maleta, la amenaza y el candado.Al
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