(Narrado por Connor)El silencio que siguió a la tormenta era denso, cargado del olor a sexo, sudor y esa desesperación dulce que solo el amor prohibido puede generar. Maya estaba tendida sobre mi pecho, su respiración finalmente calmada mientras el sueño la reclamaba por unos instantes. Sus brazos rodeaban mi cintura con una fuerza inconsciente, como si incluso dormida temiera que yo fuera a desaparecer entre las sombras de la habitación.Bajé la mirada hacia ella. Su piel estaba marcada por mis dedos, pequeñas huellas violáceas que florecían en sus caderas y hombros, un mapa de posesión que yo mismo había trazado en el fragor de la batalla. Era irónico. Afuera, el mundo esperaba a la perfecta heredera Novak, a la mujer intocable que se unir
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