No volvió esa noche.Esperé. Dios mío, esperé como una idiota durante horas, sentada en la cama completamente vestida, la puerta entreabierta, escuchando unos pasos que nunca llegaron. Alrededor de las tres de la mañana por fin me rendí y me tumbé con la ropa puesta y me quedé mirando el techo intentando entender lo que había pasado.Me había besado. Me había besado de verdad, de la manera en que lo había imaginado durante semanas, y luego se había ido como si no significara nada.Como si yo no significara nada.La boca todavía me ardía. Seguía tocándome los labios como si pudiera invocar de nuevo la sensación de él pegado a mí, su mano en mi pelo, ese sonido que había hecho grave en la garganta.Nunca había querido nada tanto como quería más de eso.Y se había ido.Llegó la mañana y tuve la sensación de no haber dormido nada.Me levanté, me duché, me quedé bajo el agua demasiado tiempo intentando quitarme de encima la energía inquieta que me corría por debajo de la piel. Me puse vaqu
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