El mundo de Benya se desmoronaba… ser descendiente del linaje Lunae era lo único que la motivaba a seguir en este mundo.— ¡No puede ser mi madre! ¡Ella no puede serlo!“Si Ranoa, una simple sacerdotisa, es quien me dio a luz, mi esencia, el linaje que corre por mi sangre... ¡No sería digno de absolutamente nada!” Piensa la rubia, al observar el rostro desesperado y lleno de lágrimas de Ranoa.Se giró para observar a su padre, Torín Lunae, el mismo hombre que había adoptado el apellido de su esposa, la mujer que había muerto en su parto, para mantener su poder en la manada.— ¡No! ¡No! No puede ser.Pero su padre en lugar de corregirla solo debía la mirada.“Cobarde, mil veces cobarde” Piensa la rubia.— Sí, cariño— susurra Ranoa como cuando era pequeña y la calmaba de las pesadillas, extendió sus manos, pero el tintineo de las cadenas le impide en continuar.Aunque su pecho no le permite seguir callando.— Yo soy tu madre y tengo décadas… décadas guardándolo en mi pecho, décadas co
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