— ... Punto de vista de Ronan ... — El sabor del whisky seguía en mi lengua, pero lo que realmente me quemaba era la punzada que aún sentía en el brazo. Había sido un instante, apenas un roce, un movimiento tan rápido que al principio pensé que había imaginado la aguja. Pero luego vino el calor. No un calor natural, sino una oleada densa que se abrió paso por mis venas, abrasándome desde dentro. El aire se volvió espeso, pesado, y cada respiración parecía un esfuerzo. Mis manos comenzaron a temblar. — ¿ Qué demonios hiciste, Isidora? — logré decir, aunque mi voz sonó arrastrada, como si no me perteneciera. Ella se acercó despacio, sus pasos eran lentos, deliberados, cargados de una calma enfermiza. Sonreía, esa sonrisa suya que nunca anunciaba nada bueno. La vi detenerse frente a mí, tan cerca que pude sentir su perfume, dulce y sofocante, mezclado con el aroma del vino que aún flotaba en el aire. — Shhh, tranquilo, amor — susurró, rozan
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