74. Lazos de sangre
Daniel emergió de la espesa nube de humo. Sus ojos, negros como el azabache, se clavaron en la figura de Marco Belladonna. El hombre ignoró la sangre que goteaba por la manga de su camisa. Miró a su tío con puro odio.—De verdad que has venido buscando la muerte esta noche, Marco —gruñó Daniel con voz sumamente grave. Su voz cortó el espeluznante silencio del penthouse.Marco soltó una risita suave. Levantó en alto el detonador negro que tenía en la mano.—Bienvenido a casa, sobrino. Llegas justo a tiempo para ver unos fuegos artificiales preciosos.—Suelta ese botón ahora mismo —ordenó Daniel, letal. Sacó la pistola que llevaba en la cintura. El cañón del arma apuntó directamente a la frente de su tío.Bianca permanecía rígida junto a la estantería. Su respiración se agitó al observar la interacción entre los dos hombres. Aún sostenía su pistola con manos temblorosas. Un sudor frío le empapaba las palmas.—Un solo disparo tuyo y este lugar quedará reducido a escombros —se burló Marco
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