135. Terror de gas en la cafetería
—Maya —susurró Bianca con voz temblorosa. Su corazón latía desbocado, golpeando con fuerza contra sus costillas. La mujer miró a Daniel con el rostro pálido como un fantasma. Las lágrimas de terror brotaron de inmediato, acumulándose en sus párpados—. Daniel. Por favor, sálvala.Daniel apretó la mandíbula con fuerza. El hombre atrajo a Bianca hacia un abrazo. Su mano frotó la espalda de su esposa con movimientos rápidos y tranquilizadores.—Da la vuelta al coche ahora mismo, Kenzo —ordenó Daniel con su voz de barítono, que resonó en el interior de la cabina—. Nos dirigimos a la cafetería L'Élégance.—A la orden, señor —respondió Kenzo.El asistente giró el volante bruscamente. Los neumáticos del coche chirriaron con fuerza al rozar con el asfalto. El todoterreno negro salió disparado, abriéndose paso a través de la llovizna de la ciudad de Seattle.Bianca se aferró a la camisa de su marido con las manos frías. Sentía el estómago revuelto. El miedo a perder a su mejor amiga le dificult
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