Fin no se detuvo. Bajaron más, su lengua bailando contra mí con un ritmo que parecía un lenguaje secreto. Cada vez que su lengua giraba sobre mi clítoris, una descarga de electricidad pura e incandescente salía de mi centro directo a la base de mi columna. Me retorcía en el colchón duro, con las manos enredadas en la tela áspera de mis sábanas. Podía sentir cada lametazo, cada rastro húmedo de su lengua contra mis nervios más sensibles, hundiéndome en una neblina febril de pura sensación. —¡Sí! ¡Justo ahí! ¡Oh, Fin! ¡Ah, Dios, sí! —chillé, y el sonido rebotó en las paredes rugosas. No me importaba quién me oyera. Mi cuerpo se sentía como si estuviera zumbando, vibrando con una necesidad tan intensa que me nublaba la vista. Su boca era implacable, creando un vacío de calor que me encendía la piel y me cortaba el aliento. Me estaba ahogando en la intensidad, cada terminación nerviosa gritando por más. Fin no solo lamía; saboreaba. Usaban sus labios para succionar, su lengua para prov
Ler mais