Capítulo 105. La ira de un padre
—¿Dices que mi hijo es débil porque llora? Está bien. ¡Veremos quién termina arrastrándose fuera de la puerta de mi casa esta noche!La voz de Dominic rompió el silencio del salón principal de la mansión Moretti.El juguete de madera de Leo, hecho añicos, seguía apretado en su mano derecha; lo sujetaba con tanta fuerza que las astillas se le clavaban en la palma. Pero no le importaba. Sus ojos, usualmente fríos e impenetrables, ahora ardían como brasas recién rociadas con gasolina.Olivia estaba de pie cerca de la escalera, pálida, aunque con la barbilla en alto.—Estás exagerando, Dom. Es solo un juguete de madera barato.—¿Barato? —Dominic soltó una risa breve, amarga—. Era la promesa de un padre, tía. Una promesa a su hijo, que solo pedía dos horas a la semana.Dio un paso al frente. Luego otro. La madera bajo sus pies crujió como si gritara, y los sirvientes que antes se ocultaban tras la puerta de la cocina huyeron como ratas sin madriguera.Lusy, de pie detrás de Olivia, intentó
Leer más