Marendor no se construyó sobre piedra blanca ni mármol pulido, sino sobre raíces profundas, tierra húmeda, barro viejo y árboles que parecían observar desde sus sombras, como si llevaran siglos juzgando cada muro, cada torre, cada paso de aquellos que caminaban sobre el musgo de sus calles húmedas y resbaladizas, la ciudad no brillaba bajo el sol porque el sol apenas se dignaba a visitarla, cubierta por nieblas matinales y lloviznas eternas que daban a todo un aspecto de luto constante, las casas eran altas, con techos puntiagudos, madera negra y tejas gris oscuro, ventanas con vidrios empañados por el aliento del bosque, como si la propia tierra respirara entre las paredes, allí los hombres nacían con las manos llenas de barro y morían con los pulmones llenos de humedad, y si tenían suerte, con un nombre que los sobrevivieraEl pueblo de Marendor era distinto al de los otros reinos, no cantaban mientras trabajaban ni sonreían al ver al paso de sus señores, sus ojos eran hoscos, sus v
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