Perspectiva de EllaLa mañana siguiente fue casi idéntica a la anterior. Me escabullí de la cama de Alexander antes de que saliera el sol y antes de que la casa empezara a despertar, recorriendo los pasillos a toda prisa como el pequeño y sucio secreto de Alexander.Esta vez, sin embargo, no había manera de borrar la estúpida sonrisa de mi rostro. Era sórdido y, de cierta forma, "prohibido", pero tenía que admitirlo: toda aquella situación le añadía una emoción inesperada a algo que, en otras circunstancias, habría sido completamente normal.Después de ducharme y vestirme, pasé la mañana cuidando de Lucien, haciendo planes de última hora para la boda con Anya y, en general, ocupándome de cualquier cosa que pudiera mantener mi mente alejada del asunto que más me preocupaba: la maldición.Estaba pasando frente al despacho de Alexander poco antes de la hora del almuerzo, con Lucien en brazos, cuando lo escuché.Una tos.Venía del despacho de Alexander.En circunstancias normales, aquel so
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