Transformarme fue una sensación de pura felicidad.Había olvidado lo increíble que era volver a estar en mi forma de loba. Cada uno de mis sentidos despertaba con una intensidad abrumadora; los aromas, los sonidos, hasta el más mínimo movimiento a mi alrededor se volvía mucho más nítido.Mi loba tenía un pelaje plateado con tonos grisáceos, más pequeña que la enorme figura negra de Alexander, pero hecha para la velocidad y la agilidad. Me estiré, dejando que mis músculos respondieran al movimiento, y lo único que sentí fue una oleada de fuerza y energía recorriéndome por completo.El juego fue incluso mejor de lo que había imaginado.Mi equipo se movía como si lleváramos años entrenando juntos. Con estrategia, coordinación y una comunicación casi instintiva, logramos superar al grupo de Alexander en cada oportunidad. Sin darme cuenta, volví a recurrir a tácticas que había aprendido hacía mucho tiempo, antes de que mi padre me obligara a convertirme en la imagen perfecta de una Luna imp
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