—Por supuesto que significa que eres tonta —dijo Rose con expresión tranquila, los párpados apenas levantados y la voz indiferente—.Esta ropa está mal hecha: el escote, la cintura, el ancho de los brazos.Cuando caminas, pareces un cangrejo, y cuando te mueves, te arrastras como una tortuga.Solo una persona ciega y descerebrada compraría algo así.Sacudió la cabeza con lástima.—Isabel, es realmente una pena que, pese a que la familia Hamilton contrató a tantos expertos para enseñarte, ni siquiera seas capaz de reconocer los conceptos básicos de la estética.Las caras de Isabel y Lucy cambiaron de inmediato.—¡Tú...! —rugió Isabel.Clarisa, casi aplaudiendo, se carcajeó:—¡Felicidades, Isabel! En veinte minutos gastaste un millón de dólares... ¡en un montón de basura!El rostro de Isabel enrojeció de furia.—¿Estás jugando conmigo? —gritó.Rose curvó los labios en una sonrisa suave, casi inocente:—Sí.La vendedora, viendo que la situación se salía de control, se apresuró a decir, i
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