Isabel, llena de arrepentimiento, sintió como si un valde de agua fría cayera sobre su cabeza. De repente, volvieron a sus sentidos, pero sus pensamientos se disiparon rápidamente. Cuando terminaron, ya estaba oscuro, y Isabel se había quedado dormida.Asher se levantó y encendió un cigarro. El vacío y la soledad en su corazón parecían haberse profundizado aún más. Miró el rostro de Isabel, con emociones complejas destellando en sus ojos. No podía perder a Isabel, pero tampoco podía perder a Rose.Poco después, Asher exhaló un anillo de humo.—No importa —se dijo a sí mismo—. ¡Es suya! Algún día lo recuperaría todo. ¡Quería que ella volviera a él voluntariamente, quería que le diera hijos, quería que lo acompañara por el resto de su vida!Tarde en la noche, a las once y media, en el circuito de carreras Imperial, las luces brillaban intensamente y un alboroto de voces llenaba el aire. A Saúl no le había ido bien en los últimos días, así que fue allí, especialmente tarde en la noche, e
Leer más