«¿Sin poder? ¡SIN PODER!», gritó Dorien, sin importarle ya que los miembros de la manada o los espías pudieran oírlo.—¡Hermano! —susurró Reyland con urgencia, con evidente preocupación en su voz y en sus ojos.El heredero tragó saliva y su respiración se calmó un poco mientras sacudía a Reyland por la camisa.«¿Cómo puedes DECIR eso?», siseó Dorien mientras sus ojos buscaban con fervor los de Reyland.«Tú sabes...», insistió, pero Reyland lo interrumpió.«Lo sé. Por eso no tengo miedo», insistió, mirando atentamente a su hermano.Al ver que Dorien estaba a punto de protestar más, Reyland le puso una mano en el hombro.«Es lo que dije la mañana de Navidad. ¿Te acuerdas?», continuó, inclinándose más y acercándose a Dorien.«Nosotros sabemos lo de la sangre. Ella no. Ahora, por un segundo, solo un segundo, Dorien, imagina que alguien obligó a nuestro padre a hacer lo que le han obligado a hacer a SU padre», respondió Reyland, con
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