Las palabras salieron de mi boca y se quedaron suspendidas en el aire como humo tras un disparo.—Porque… ella era mi madre.Silencio.Un silencio largo, pesado y sofocante.Alex no se movió. No habló. Solo me miró fijamente, con sus ojos oscuros abiertos de par en par como nunca antes los había visto. Entreabrió la boca, pero la volvió a cerrar. No salió ningún sonido. La habitación se sintió más pequeña, el aire más denso.Podía oír los latidos de mi propio corazón retumbando en mis oídos, fuertes y erráticos, apagándolo todo a mi alrededor. Esperé a que dijera algo. Lo que fuera. Una negativa. Una pregunta. Incluso enojo. Me pregunté por qué había esperado una muestra de ira.Pero a pesar de todo, permaneció inmóvil, con su imponente cuerpo aún inclinado hacia mí en la cama. Su mano, que hasta hacía un momento me acariciaba la espalda, se congeló por completo. El silencio se prolongó. Se volvió insoportable.Entonces, sin previo aviso, Alex me apretó contra su pecho en un abrazo qu
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