Después de despedir a Steven, Andrea regresó a la sala de maquillaje. Ahora había mucha menos gente.La maquilladora, Linda, observó su rostro con atención. Con una piel tan perfecta, el trabajo era sencillo. En poco más de diez minutos, el maquillaje y el peinado estaban listos.Andrea sonrió al verse en el espejo.—Se ve increíble. Gracias, Linda.Linda había maquillado a innumerables chicas ricas ese día, pero ninguna le había dado las gracias. Al instante, sintió simpatía por Andrea, y su sonrisa profesional se volvió cálida y sincera.—Señorita Reed, su vestido está listo. Por favor, cámbiese en el vestidor.—De acuerdo. Gracias.Andrea fue a recoger su vestido… y se quedó paralizada.Linda notó su reacción y se acercó rápidamente.—¿Qué pasa? ¡Dios mío! ¿Quién hizo esto?Era un vestido de noche blanco de encaje, elegante y con una pequeña cola. Debería haberla hecho parecer una princesa de cuento de hadas.Pero la cola de encaje estaba llena de agujeros. El dobladillo estaba ras
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