Capítulo 22En la lujosa habitación del hospital, el pequeño David seguía acostado, débil, sobre la cama. Su frágil cuerpecito estaba envuelto en una manta gruesa; el rostro, pálido; una vía intravenosa conectada a su diminuta mano. Un trastorno poco común que atacaba sus vasos sanguíneos le había provocado una fiebre muy alta, y un sarpullido rojizo había aparecido en varias partes de su piel. El médico había explicado que era necesario mantenerlo bajo cuidados intensivos para evitar complicaciones graves.Al lado de la cama, Damian permanecía sentado con el rostro tenso, aferrando con fuerza la mano débil de su hijo. Apenas había dormido en toda la noche, velando por David con angustia. Cada vez que el niño dejaba escapar un leve quejido en sueños, él se sobresaltaba de inmediato, asegurándose de que el médico estuviera disponible.Sin embargo, en el otro extremo de la habitación, Isabella estaba sentada con total tranquilidad en el sofá, como si la condición de su hijo no le import
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