—Sé honesta conmigo, Leslie —la voz de Rafayel era peligrosamente calmada, pero su agarre decía otra cosa: dedos presionando detrás de mis rodillas, firmes, posesivos. Me llevaba como si fuera una novia victoriana cruzando el umbral, solo que no nos esperaba ninguna suite de luna de miel, solo el tenue resplandor de un pasillo de ascensor de categoría y el susurro agrio de la cerveza que subía del pub de abajo.—N-nunca —tartamudeé, tirando de mis vaqueros donde se habían amontonado, de repente demasiado consciente de su mirada—. Terrell no…—¿No qué? —su acento pijo se afiló, cortando mi débil negativa—. ¿Tocarte? ¿Sujetarte? Maldita sea, mujer, ¿de verdad crees que nunca te ha llevado así? Es tu prometido.Tragué saliva con dificultad. La verdad se cernía entre nosotros, estancada y sin re
Ler mais