ArianaEl sonido de su voz es una aguja de hielo que se clava en la base de mi nuca. Me enderezo de golpe, con un movimiento torpe y desgarbado, la espalda pegándose a la puerta fría como si pudiera fundirme con ella, volverme invisible, intangible. Una postura de defensa patética. Mis manos tiemblan a los costados, y las aprieto en puños para ocultarlo, pero sé que él lo ve. Lo ve todo.Él está inmóvil. Su quietud no es reposo, es acecho. Exuda calma y posesión con cada poro. Todo, en esta habitación, le pertenece. Las paredes de un blanco estéril, el aire que se ha vuelto irrespirable, el miedo que flota en partículas visibles al parpadear. Y yo. Sobre todo yo.—¿Qué quieres? mi voz sale como una lija arrastrándose sobre piedra áspera, irreconocible incluso para mis propios oídos.Ignora mi pregunta. Su mirada, oscura e intensa, pasea por mi rostro con la lentitud de quien saborea un descubrimiento. No me mira a los ojos; escudriña cada centímetro de mi piel, como si estuviera leyen
Leer más