Capítulo 29. La arcilla
Tokio es pura intensidad.Días interminables. Jornadas laborales extenuantes para Mike, tanto en la oficina como en la habitación.Las pantallas gigantes seguían encendidas incluso cuando el sol todavía no terminaba de levantarse, los trenes elevados atravesaban la ciudad como si nunca se cansaran, y el murmullo constante de gente moviéndose con precisión quirúrgica parecía no detenerse jamás. Era una ciudad que no daba tregua, que no esperaba a nadie, que no pedía permiso.Mike salía temprano a reuniones etermas, siempre impecable, siempre enfocado, con esa energía concentrada que lo volvía inaccesible para el resto del mundo. Paula a veces lo acompañaba hasta el lobby, mirándolo perderse entre ejecutivos, trajes oscuros y pantallas iluminadas, antes de salir sola a caminar por calles que todavía le resultaban ajenas. Otras veces se quedaba un rato m&
Leer más