POV: Narradora OmnipresenteLugar: El Desfiladero Helado – Norte ExtremoA miles de kilómetros, el viento cortante del Norte aullaba entre las grietas del Desfiladero Helado. Astrid, dudosa y confundida, se encontraba en una pequeña cabaña de turba y piedra, oculta entre las sombras de los riscos. Elga, una anciana de manos nudosas y ojos nublados por las cataratas, removía un caldero con una sopa espesa de pescado y raíces.Astrid yacía en un lecho de pieles, con la espalda vendada. Las heridas que había recibido en sus visiones de batalla —tajos invisibles que se materializaban en su carne— supuraban un líquido extraño, mezcla de sangre y sombras, brotaban desviviéndola antes de que la anciana la sanara.—No sé cómo te hiciste esto, muchacha —gruñó Elga, aplicándole una pasta de hierbas amargas en las costillas—. Pareces haber sido pisoteada por un buey de guerra y no obstante, te arrastró por las piedras. Pero no hay ni una huella de bota cerca de todo el Desfiladero, y mira que es
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