POV: SigridEl sonido de Einar arrastrándose era, de algún modo, un sonido obsceno. Uno que ningún Rey Sol del Sur había hecho en siete siglos.El sonido del oro de la armadura ceremonial raspando la arena sagrada del coliseo, mezclado con el jadeo entrecortado de un hombre que ya no podía respirar por la nariz rota, salpicado de gemidos involuntarios cada vez que la pierna mala rozaba el suelo. Un sonido húmedo, viscoso, vergonzoso.Era más un ruido que decenas de miles de personas oían en silencio absoluto, sin atreverse siquiera a cerrar los ojos, porque cerrar los ojos en un momento como ese habría sido faltar al respeto a la propia historia que se estaba escribiendo frente a ellos.Sus manos, que antes cubrían su rostro boca abajo, se extendieron a los lados de la cabeza con las palmas hacia arriba, pero sus ojos seguían cerrados contra la arena. La armadura del Alba, antes símbolo de la potencia del Sur, se había convertido en una caparazón inútil de tortuga rota.Los Sacerdotes
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