AriellaLeon se tensó al instante, alejándose de mí y yendo directo hacia Sia.—¡No, no te vayas! —dijo rápidamente, tomándola de la mano—. Te quiero, Sia. Por favor, no te vayas. Vas a ser mi tutora. ¿Verdad, mami?Lo miré a él, luego a ella. Luego otra vez a él.—Por supuesto que está bien —dijo Asher antes de que yo pudiera responder, apoyando su mano en mi hombro.—¿Se puede quedar a desayunar? —añadió Leon.Respiré hondo, profundamente.—Bueno... ya está aquí y el desayuno va a estar listo, así que supongo que pueden pasar —contesté eso último un poco más bajo, esperando que nadie lo notara.—Está bien —dijo Sia con suavidad—. Estaré en el estudio. De todos modos tenemos mucho en qué ponernos al día...—Oh, no —dijo Asher—, insistimos.Ella asintió y Leon de inmediato la tomó de la mano, guiándola hacia adentro como si lo hubiera hecho un centenar de veces antes. Y, así sin más, los dos desaparecieron dentro de la casa.Por un momento, Asher y yo nos quedamos allí parad
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